Tradiciones

vertientesVertientes es una comarca de costumbres y tradiciones quizás raras para aquellos que NO la conocen, sin embargo constituyen un legado importante de la cultura y la idiosincrasia del cubano.

El tesoro del pirata inglés Henry Morgan enterrado en la costa vertientina es una de esas leyendas que aún hoy incita a los amantes de la aventura a encontrarlo, y aunque el hecho se produjo en el siglo DIECISIETE muchos son los creyentes de que el oro del filibustero permanece bien escondido entre las aguas sureñas.

Pocos olvidan aquel curioso incendio que casi devasta el poblado, todo por culpa de un amor NO correspondido, dicen que la muchacha era polaca y su belleza enloquecía a todos los hombres, uno de ellos, totalmente despechado, fue el causante de la primera llama, para después morir suicidado, y todavía hay quienes dudan de que el amor mata.

Desde mediados del pasado siglo la calle El Paseo era la preferida por los jóvenes, allí los hombres aprovechaban el transcurso de la caminata para piropear galantemente a las muchachas y en las mejores ocasiones formalizar un romance, linda tradición lástima que NO perduró por mucho tiempo.

Una de las sátiras más famosas del poblado es una popular discusión entre dos amigos que dio surgimiento a una décima algo peyorativa sobre Vertientes, pero que denota en sus versos esa crítica picante que tanto identifica al cubano, la cual dice:

Donde naciste tú,
En la costa de Vertientes,
Donde no se ha visto gente
Nada más que marabú.

Todavía para muchas personas caminar de noche y solos para ir al reparto La Clarita es motivo de temor, pues según cuentan el espíritu de un ahorcado deambula por esa zona, y aunque se conoce que toda la creencia empezó por accidente, es característico del cubano tenerle mucho respeto a los muertos.

Lo cierto es que nuestra identidad procede de esas historias, unas más reales que otras, pero todas convertidas hoy en tradiciones y costumbres legadas por quienes nos precedieron.

A nosotros nos toca transmitirlas a las siguientes generaciones y por qué NO crear otras, quizás dentro de CINCUENTA años otra periodista les cuente a sus oyentes cómo en las noches el boulevard cobraba vida con la algarabía de los jóvenes.

POr: Yurisey Hechavarría González

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