Por una sociedad y educación cívica responsable

Vertientes, 25 ago.- ¿Qué tan conscientes somos ante las aptitudes cívicas en sociedad? ¿Estamos a la altura de un comportamiento cívico responsable, tal y como merece el futuro de la cultura social?

Con estas simples preguntas me gustaría reflexionar sobre algunos comportamientos (involuntarios, conscientes o inducidos) presentes en la actualidad, que empañan y atentan contra el desarrollo cívico del hombre, sumados al complejo escenario epidemiológico como otro de los tantos factores de destrucción.

Digamos que la sociedad siempre se ha regido por normas o cánones que de una forma cursan un orden en el propio desarrollo y comportamiento de las personas. Violentar muchos de ellos, sería irrespetar a los que nos rodean, y en el peor de los casos cometer actos con mayores consecuencias que pueden constituir delitos.

Los tiempos actuales donde estamos expuestos a una amenaza en el orden biológico con la diseminación del virus SARS-CoV-2, que provoca la enfermedad COVID-19, el no cumplir las medidas preventivas aprobadas en su generalidad por la Organización Mundial de la Salud y particularizadas por las máximas autoridades de la nación, sería poner en riesgo la salud de todos, no es en vano que se encuentren avaladas en el Código Penal, con sanciones severas.

Un comportamiento cívico responsable da muestra de educación y permite una mejor convivencia en sociedad, dando paso a un espacio armónico donde prime el respeto y las buenas conductas. Es el reflejo de que el hombre como ser social superior posee capacidades y habilidades para avanzar hacia la prosperidad.

El pueblo vertientino se caracteriza por ser socialmente activo, presentable, culto y muy alegre. Su cultura está influenciada por distintas aristas que la hacen única, atesorando un patrimonio muy auténtico, de ahí que su vigencia en el tiempo dependa de sus habitantes y la ética, responsabilidad o decoro que sean capaces de imprimir en la vida cotidiana.

En el civismo confluyen las relaciones interpersonales, tanto en el marco laboral como en el barrio, comunidad, zona, grupo de amigos, la pareja, la familia. Todo acto tiene un impacto en lo social y por ende afecta, ya sea positivo o negativo, a lo que nos rodea. Es muy importante transformar el entorno, hacerlo más armónico, agradable, pacífico, evitando las desavenencias y conflictos que constituyen un retroceso en la evolución hacia un futuro próspero.

La construcción de una sociedad correcta se logra a partir del cúmulo de muchos detalles como: las normas de cortesía, el hablar y expresarnos correctamente, cuidar el entorno y la propiedad material, respetar la vida de todo ser en la naturaleza, velar por la higiene y limpieza de calles o lugares públicos de la ciudad; que en su conjunto son el reflejo de lo que somos como entes sociales.

En algún momento de nuestra vida hemos escuchado hablar de protocolos, normas de conducta, esto no es cliché o algo parecido, es más profundo y va desde la sencillez de un saludo, hasta conocer cómo se ubican los cubiertos en la mesa. Simplemente son actitudes conducidas por la educación y el urbanismo para hacernos mejores seres sociales.

Más de un año ha transcurrido desde que presentamos los primeros casos afectados por coronavirus. Sabemos a golpes de funestas experiencias lo que debemos hacer y cumplir, existen protocolos sanitarios creados para salvarnos de la enfermedad, solo resta respetar y cuidar, unidos, la salud de todos. (Por Frank Fernández García //frank.hernandez@icrt.cu) Foto de autor.

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